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sábado, 24 de diciembre de 2022

Rioverde en la historia les desea una Feliz Navidad y un Prospero Año nuevo.

 


Fotografia: David Rodriguez Gonzalez

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Luces en la ciudad por Juan Cancino Zapata.

Una noche el Guti, el Moy, el Memo y yo estábamos platicando sentados en los escalones de la entrada de la casa del Moy, en la calle Ramón Adame, frente al 267, donde yo vivía; eran como a las 11 de la noche y nuestra plática versaba sobre el tema de los OVNIS.

Estábamos tan concentrados en este enigmático tema que al Guti se le ocurrió preguntar qué haríamos si viéra-mos un OVNI, el Memo contestó rápidamente: ¡Tomaría-mos fotos como evidencia!, yo comenté enseguida: ¡Ni cá-mara tenemos!, el Guti levantó la cara hacia el oscuro cielo y sorprendido continuó preguntando: ¿Y cómo le tomamos foto a esos que van allí? -dijo señalando hacia arriba de mi casa- supusimos que era una de sus bromas y el Memo que estaba junto a Guti le replicó enseguida frente a su cara: ¡No mámeees!, el Guti se puso de pie y señaló hacia el cielo nuevamente.

Todos volteamos enseguida a donde él señalaba y vi-mos que en el cielo negro iban pasando unas veinte bolas fosforescentes, como a 15 metros de altura por encima de mi casa, rápidamente nos pusimos de pie y las seguimos corriendo por la calle, sin dejar de verlas, para saber de qué se trataba, ya que éstas iban navegando paralelas a la ca-lle de Ramón Adame de norte a sur, obviamente iban más rápido que nosotros y dejamos de seguirlas por la calle de Alonso, el Memo nos sugirió: ¡Vamos al periódico a repor-tarlas, contestamos emocionados por la adrenalina que nos activaba en ese momento: ¡Órale! y nos dirigimos corriendo al local de las oficinas del periódico El Sol de San Luis.

Entramos corriendo y le preguntamos al portero: ¿Hay algún reportero con cámara fotográfica? Éste, sor-prendido, atrás de la reja de seguridad nos preguntó: ¿Para qué lo quieren? A coro le contestamos: ¡Hay unos OVNIS en el cielo!, el portero nos observó cómo escaneándonos, guardó silencio un instante y dijo en forma seria: ¿De cuál fumaron? Le contestamos ansiosos: ¡No, no fumamos nada! ¡Es verdad, hay unas bolas luminosas volando en el cielo! ¡Saque una cámara para tomarle fotos!, él respondió incrédulo: Dejen le hablo al reportero de guardia y se fue a una oficina.

Al regresar ambos sujetos, el reportero nos preguntó: ¿Dónde las vieron? Le dijimos: ¡Andan arriba, ahorita pasa-ron por la alameda! ¿Cuándo las vieron? Preguntó nueva-mente: ¡Ahorita las acabamos de ver! -contestamos simultá-neamente los cuatro-. El reportero exclamó: ¡A ver, vamos a ver! Y le indicó al portero que abriera la reja, éste quitó el candado y ambos salieron con nosotros a la calle a ver el cielo, pero no se veían las bolas fosforescentes, el repor-tero nos dijo: ¡Se me hace que es puro cuento de ustedes!, nosotros contestamos: ¡Es la neta, ahí andan arriba! ¡Saca tu cámara por si aparecen de nuevo!, él respondió: ¡Se la llevó otro reportero y aquí en la oficina no hay ninguna!

Nos quedamos viendo los cuatro como diciendo: ¿Cómo un periodista no tiene cámara? Y simplemente guardamos silencio, de pronto el Memo cuestionó al repor-tero: Si no nos crees, vamos a la azotea para que las veas, el reportero por curiosidad aceptó y dijo: Vénganse, pero hay que tener cuidado al subir.

El portero cerró con candado nuevamente la reja del periódico y posteriormente nos dirigimos los seis hacia la azotea, desde esa altura se veía casi toda la ciudad, yo bus-qué en el horizonte el cúmulo de bolas fosforescentes y lo descubrí volando cerca del Saucito, ¡Allá están! -grité-. Las bolas se dirigían hacia el rumbo de Morales, ¡No qué no! le reprochamos en coro al reportero, él exclamó: ¡Nunca había visto eso!, el Guti dijo: ¡Para eso queremos la cámara! ¡Para sacarle fotos como evidencia, sino nadie nos va a creer!

Estábamos en la parte más alta, entre el Cine Alame-da y el Sol de San Luis y se veían muy bonitas las luces de la ciudad y el vuelo de las esferas luminosas. Vimos que las bolas tomaron rumbo a la Tenería, hoy parque Tangamanga y después hacia la Cañada del Lobo, pero las perdimos de vista atrás de las torres de la Iglesia del Santuario de Guadalupe. El Moy le preguntó al reportero: ¿Tú qué crees que sean? El periodista se rascó la cabeza y dijo:

A lo mejor son globos aerostáticos, solamente que pregunte en la torre de control del aeropuerto–agregó- para verificar. Nosotros sabíamos que eso no tenía nada que ver con globos aerostá-ticos y solo guardamos silencio, de pronto levanté la cabeza para ver de nuevo el cielo y grité: ¡Aquí están! -y señalé rumbo a la plaza de San Sebastián-.

Las esferas fosforescentes avanzaron hacia nosotros y pasaron encima de nuestras cabezas, como a siete metros de altura, sin producir sonido, sin tener alas (de ave, de avión o algo parecido) pero si, un brillo blanco, muy bri-llante y poco común, las dejamos de ver al poco rato porque las taparon los edificios de los hoteles que están al norte de la Iglesia del Carmen.

Después de bajar a las oficinas de esta editorial, el re-portero nos tomó nuestros datos, y nos dijo que la nota la iba a publicar en el periódico dos días después, salimos sa-tisfechos del diario por haber visto nuevamente desde esa altura a los ovnis surcando el cielo, la hermosa panorámica de la ciudad por la noche y con la esperanza de hacernos famosos por el periódico.

Compramos durante quince días el periódico el Sol de San Luis y nunca apareció la prometida nota.

 

 

 

sábado, 8 de octubre de 2022

Leyendas de Lagunillas; Los Santos Óleos

 

                          Iglesia de San Antonio de Padua

 

Cuando el presbítero salía de la parroquia de San Antonio de Padua oí pasos y voces violentas.

–Dese por arrestado por violación a la ley de cultos.

–Permítame, dejen llevar los santos óleos a un moribundo en la calle del Arroyo y luego los acompaño –contestó el clérigo.

–Nada. En el infierno va a tener mucho tiempo para poner los óleos a los que quiera. –Los soldados lo jalonearon de los brazos y los viáticos quedaron tirados: las hostias esparcidas y el copón invertido en el suelo.

 Días atrás, este sacerdote de actitud dura con mucha autoridad, recibía y repartía propaganda antigobiernista y desde el púlpito incitaba:

–Esos ateos que trabajan para el gobierno están excomulgados, qué no van a defender a la religión en nombre de Cristo Rey.

Además, el motivo de la detención, era por su persistencia en efectuar ceremonias religiosas en la calle utilizando estandartes y vestimenta para oficiar misa; con lo cual, violaba las disposiciones gubernamentales y asilar a los activistas de la Liga Nacional de la Libertad Religiosa, con quien fijaba propaganda en las paredes de la ciudad.

 Los soldados habían aprehendido al clérigo de tal modo que le ceñían los brazos, uno lo jalaba para un lado y otro para el contrario, a la vez que otro soldado lo empujaban hacia adelante, hasta que lo tiraron en una mazmorra de la Presidencia municipal a disposición del Ministerio de Gobernación.

 Momentos antes, en el trayecto, el sacerdote rígido de orgullo miró hacia la gente que contemplaba la escena. Los militares dejaron de jalonear al clérigo, pero seguían apuntando con sus armas a los feligreses, aunque los fieles eran muy bravos, no lograron ponerse de acuerdo para impedir que se llevaran a su párroco, solo se limitaban a ver; no obstante que habían jurado esa misma mañana luchar en favor de la libertad religiosa. El sacerdote, con los ojos inyectados de furia y la mirada penetrante los vio con profundidad, y les dijo:

 –¿Esta es la lealtad que juraron ante Cristo Rey, para defender la religión? Por ésto, estarán desunidos por muchos años, dispersos en sus propósitos y se disputaran las cosas más superficiales en perjuicio de ustedes mismos. Siempre haciendo las cosas al revés.

La expresión se oyó como sentencia de profeta, que hasta se estremecieron los soldados que lo sujetaban y los fieles quedaron avergonzados con las pupilas del clérigo grabadas en sus mentes.

 A los pocos meses, el primer soldado que arrestó al sacerdote empezó a enflaquecer, sólo refería que había perdido el apetito, otro se puso amarillo, los médicos le dijeron que se había enfermado de mal de hígado y los curanderos, que de susto.

 Por su parte, los feligreses, por muchos años se llevaron la contraria entre ellos mismos, por su desunión no podían sacar proyectos ni grandes ni chicos. Siempre había un díscolo que se opusiera con un –yo no estoy de acuerdo– llevando la contraria para abortar los proyectos, como sucedió cuando cierto alcalde quiso remozar el edificio de la presidencia del municipio y poner en el frente el emblema nacional.

 Tanto le molestó la actitud del pueblo, que en venganza ordenó que se instalara el escudo nacional al revés, con el águila invertida.

 Muchos aducían que la sentencia del sacerdote fue la causa de elecciones y proyectos enredados, siempre divididos; quedando las familias peleadas y los vecinos enemistados sin poder disolver los enconos, malogrando la prosperidad de la ciudad.

 Siguieron las desuniones y una vez concluido el conflicto Iglesia–Estado el sacerdote ya no regresó. Nadie supo de él, pues fue uno de los desterrados durante la guerra cristera. Aunque otro vicario conjuró la maldición, la secuela se sintió por mucho tiempo.

Los soldados que realizaron la captura murieron pronto. El copón con las hostias quedaron convertidos en arena, no faltó alguien que dijera que había sido un milagro de San Antonio de Padua y los fieles empezaron a llevar flores y ofrendas como un punto de adoración. Pero yo fui quien recogió los viáticos y los puse en lugar seguro, guardé el secreto para sostener la versión del milagro.

José J. Alvarado

Fotografía: Santiago Medina

viernes, 7 de octubre de 2022

Leyendas de Lagunillas; Las Culebras; Leyenda Xi´ui.

 

Una parte de las tierras del suelo potosino pertenecían a los tennek. Su extensión abarcaba desde la selva tropical hasta el inicio del calcinante altiplano. Los tennek eran una raza emparentada con los mayas. Entre otros dioses adoraban a Quetzalcóatl (la serpiente emplumada) al que sus parientes mayas le llamaban Kukulkán. Por respeto a este dios, los tennek dejaban que las serpientes se reprodujeran libremente. Esta cultura alcanzó cierto grado de esplendor, hasta que las tribus salvajes del norte, los empujaron hacia el sureste y se refugiaron en la selva Huaxteca.

 Las actuales tierras de las lagunillas quedaron abandonadas entre vegetación semidesértica y algunos sitios convertidos en pequeños oasis, donde las serpientes, víboras o culebras como se les dice sin distinción, se reprodujeron de una manera considerable.

 Después, a estas latitudes llegó el pueblo xi´ui, mejor conocido como Pame, que habitaba en Xichú y otras localidades aledañas.  Este grupo participó en la guerra chichimeca contra los invasores malinches. Al firmarse la paz, el pueblo xi´ui se replegó a las lagunetas aprovechando los vestigios que dejaron los tennek.

  Los xi´ui, ya pacificados, se dedicaron a la agricultura de temporal en los lomeríos y serranías sembrando maíz, chile y fríjol. Su mayor desconfianza era enfrentarse día a día contra la gran cantidad de serpientes que aparecían por todos lados, las cuales causaban mortandad y representaban una amenaza para su población.

 Desesperados los pames por los ataques de las serpientes buscaron a su principal deidad, al dios Trueno, entre las más elevadas montañas y los profundos cañones de la Sierra Madre Oriental. Llegaron al picacho preciso donde expusieron sus penas e imploraron su protección, hasta que el dios Trueno se compadeció de ellos, prometiéndoles la seguridad anhelada y les ordenó que regresaran a sus chozas.

 Apenas había entrado el último xi´ui a su vivienda cuando empezó a relampaguear. Los estruendos irrumpieron la tierra con una centella estremecedora, el éter se partió entre las nubes. Era el dios Trueno quien afanoso recogía las serpientes de todos los recovecos de los alrededores de las lagunillas.

 Al momento, la centella se llevó las culebras hacia la boca del volcán, situado al lado de otras lagunas, donde las metió, y selló la entrada con un coloso “montesino”. Por eso, al conjunto de las lagunetas se le llama Las Culebras, que de cuando en cuando suenan rugiendo desde el interior de la tierra; son las alimañas que pretender salir de su encierro. Después de esa tarea, enrojecido el dios Trueno, con el rostro inyectado de sangre se refrescó en la laguna mayor, tiñéndola de color rojizo, que desde entonces se le conoce como La Laguna Colorada.

 Cuenta la leyenda que las culebras seguirán encerradas mientras los xi´ui dediquen su primera cosecha de maíz al dios Trueno y le ofrenden un bolíme,  con el cual viajará entre las montañas, desde los Alaquines hasta los Jonaces, pasando por Santa María Acapulco, Gamo kante y Zichaqum.  

 José J. Alvarado.

Fotografía: Lagunillas con Dron.

 

jueves, 6 de octubre de 2022

Leyendas de Lagunillas; Las Moctezumas

 

Ese cerrito arbolado que se ve en la parte trasera de la fotografia
es una MOCTEZUMA, en las tierras dwe Don Salvador Olvera.

Hundió el talache en la tierra, lo jaló a manera de palanca y vio que asomaba una piedra labrada por los antepasados indios, es en forma de herradura conocida como yugo; quedaron al descubierto, huesos de un esqueleto en posición fetal, veía vasijas, figurillas y platos. Elton Castora subió a la caja de su camioneta las ofrendas encontradas. Deshechó las piezas óseas, solo se lleva el pectoral, los collares y los anillos.

El saqueo lo hacía los domingos, en las moctezumas situadas entre la comunidad de Zapotillos y San Rafael de las Lagunillas. Elton Castora, era un hombre güero y musculoso, iba a buscar evidencias prehispánicas, pero a la vez, echaba abajo las estructuras escalonadas. Las localizaba por sus formas cónicas, piramidales o como simples montículos de 15 a 20 metros de altura. Destrozaba lajas esculpidas que formaban escalinatas buscando alhajas de oro. No le importaba a qué cultura pertenecieran ni de qué época eran.

Elton no saqueaba para vender las piezas arqueológicas a los gringos, solo las enajenaba en caso de necesidad; las reunía para la colección de su sala, donde a veces recibía al profesor Longinos Zulaica, quien le decía.

–No paran los saqueos de piezas arqueológicas a pesar de estar protegidas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y ninguna autoridad interviene para frenar estos robos. Por sus características, estos objetos que me muestra proceden de las montezumas o moctezumas, que son unos montículos también llamados tlatelis o cuisillos.

                                    Este es uno de esos saqueadores que cambiaba los idolitos 

                                        encontrados por dulces en una de las tiendas del pueblo.

–En efecto, profesor, pero no puedo revelar cómo llegaron a mí.

–Sin duda, pertenecen a los tlatelis de la comunidad de San Rafael donde, según sé, existen más de 200 túmulos y cuatro centros ceremoniales de juegos de pelota. – Advirtió el profesor Longino Zulaica–. Pero tenga cuidado, Elton, la posesión y comercialización de estos objetos se encuentra penada por la ley.

Mientras tanto, el juez auxiliar de San Rafael, alertaba a los ejidatarios.

–Por ahí anda un tal Castora, saqueador, profanador de las moctezumas. Muy al alba todos, viene los domingos a destruir las tumbas de nuestros antepasados, trae zapapico y pala, llega en una camioneta Ford 1967.

El siguiente domingo Elton Castora entró en su camioneta por la carretera de San Ciro, para ingresar por una terracería en busca del representante del Consejo de Vigilancia.

–Le traigo estas botellas de caña. Hoy, quiero revisar los túmulos de Zapotillos. – Le dijo.

–Muy bien, güero. Ya sabe, nada más me hago el disimulado. A la entrada se encuentra al juez auxiliar, váyase por el atajo porque ya lo anda cazando.

Frente a la plaza, el juez auxiliar vio la camioneta, lo detiene y le dice.

– ¡Otra vez por aquí, Castora! Lamento mucho que la tumba dorada haya sido destruida y su quietud quebrantada por unos cuántos dólares. Le prevengo que esos monumentos están protegidos por la Ley Federal de Zonas Arqueológicas. Es delito federal el profanar tumbas y adoratorios de los indios. Además, es bueno que lo sepa, que existe una leyenda de Kukulkán, representada por la serpiente, que asegura que los profanadores morirán al poco tiempo de ultrajar tumbas, hay algo de verdad en eso, porque los esqueletos están impregnados de cinabrio, y otras sustancias tóxicas.

Castora, murmuró: “viejillo tonto. Ya saqué unos aretes de oro de un cuisillo y se las vendí al míster Halliday, el me compra todo lo que le llevo cuando necesito dinero”.

Elton Castora con la colección aumentada, le presumía a sus amistades en la sala de su casa, y les platica:

–Pues sí, que me para el juez auxiliar y que me amenaza.

–Quizás el juez tenga razón. –Contesta el profesor Zulaica–. Estos objetos pueden estar protegidos con sustancias extrañas, hasta venenosas, con ritos a la muerte y a la serpiente emplumada. También revisten un concepto de unidad entre los mexicanos, por tener un pasado común.

 –Pues yo no sé ni mi importa, yo sólo colecciono estas piezas por gusto. –Respondió Elton con aire de superficialidad.

En otro día de excursión, Elton encuentra una pirámide entre mezquites, huizaches y palmas. Levanta un pedazo de piedra con grecas: “Parece ser la tumba de un cacique indio importante”, se dijo entusiasmado. Excava frenético, sudoroso y con toda su emoción descubre una pieza rara, zoomorfa, la desentierra lentamente para no romperla, cuando está a punto de levantarla, siente una mordedura, y alcanza ver a la serpiente escamosa enrollada sobre sí misma, interponiéndose entre él y el enterramiento esperando dar otro ataque.

Con espanto en el rostro Elton se retira, sube a la camioneta y echa una ojeada a su pierna derecha. Ve una mancha de sangre en el pantalón, lo rasga, y en su piel, nota dos puntos color violeta. Un dolor agudo le empieza a invadir. Se liga la pantorrilla con un pañuelo. Le da marcha a la Ford, abandona su mochila y sus herramientas.

Enfila hacia el centro de salud del poblado de San Rafael. Le aumenta el dolor en la pierna, con adormecimiento e hinchazón. Elton siente tres electrizantes punzadas que, como relámpagos, le recorren desde la mordedura hasta la rodilla; pero el puesto de salud está cerrado. Entonces, con dificultad acelera el vehículo por los caminos de terracería, entre baches y pedruscos; una metálica sequedad le ahoga la garganta, seguida de sed quemante. Maneja a saltos de piedra, a la vez recuerda la experiencia de toda su vida: “he salido bien librado de cosas peores”, murmura.

Llega a la unidad de salud de San Ciro pero tampoco hay médico por ser día inhábil. No quiere pedir a la ciudad una ambulancia prefiere manejar el mismo. Sigue su marcha tripulando la camioneta Ford con ansias de llegar a la ciudad de Rioverde.

La inflamación de la pierna va creciendo, los dolores aumenta, ahora lentamente le van subiendo hasta la ingle. Por fin, al paso de grandes baches llega a la carretera asfaltada. No aguanta la garganta seca, un vómito fortuito hace que pare a la orilla de San Francisco de la Puebla. Saca la cabeza por la ventanilla queriendo jalar más aire. Se estremece ante el temor a la muerte. Sus dientes castañean, se enfrenta contra los muertos que interrumpió de su sueño, y queda sumergido en un letargo: «todo empezó como un juego, como un saqueador más, junto con otros que abandoné para trabajar por mi cuenta. Aquella calavera que rayé con un plumón para que mis compañeros se rieran hasta le puse mi nombre. Este zumbido de oídos como chicharra, la maldición que me refirió el juez auxiliar.

«Corres, corres para escapar. Te persigue la policía por posesión de bienes culturales de la nación.

«Escarbas, escarbas en la tumba del cacique de más de dos mil años, hasta que desentierras una vasija de colores negros y amarillos con un calendario que se puede ver a través del tiempo. Una figura zoomorfa de una serpiente que se traslapa a Kukulkán, es la calavera del entierro, con agitación la sacas y notas que presenta tu nombre, la misma que rayaste hace algunas décadas. Dejas de respirar y quedas con las mandíbulas apretadas y los ojos abiertos viendo el nahual en forma de diablo que va sobre ti, a recuperar los objetos».

Elton quiere llegar a la ciudad, y vuelve a encender el switch de la marcha de su Ford, se lanza en su carrera temeraria contra los demás vehículos. La pierna se le hincha aún más y va tomando un color morado, a la vez que le acrecienta el sufrimiento. Conduce la camioneta zigzagueando en las curvas de Plazuela, hasta bajar al plan donde rebasa a los pesados camiones mineros. Llega a urgencias del Hospital Regional de la Zona Media. Se arrastra pidiendo que lo atiendan, y queda derrumbado con el pecho hacia arriba. «A tu muerte desaparece la colección “Elton Castora”; que en el mercado negro valdrá miles de dólares. Será buscada por las autoridades y por traficantes de obras artísticas. Cuatro décadas después, al efectuarse trabajos de remodelación, aparecerá en un sótano del inmueble propiedad de un coleccionista de arte. El que será arrestado y puesto a disposición de la fiscalía por tráfico de bienes culturales».

–¡Ayúdenme! –grita desesperado.

Los pacientes de la sala de espera protestan con alaridos por lo deshumanizado del personal médico. Hasta que, por los gritos de la gente, salen las enfermeras para brindarle los primeros auxilios.

Ni en ese hospital ni en la Jurisdicción Sanitaria hay suero anticrotálico. Sólo aparece la compra de la vacuna en los informes de gobierno y en las facturas “apócrifas”.

–Quiero entregar mi colección de figuras pre–hispánicas en algún museo – murmura.

Los familiares de Elton sospechan que los objetos de la colección poseen una esencia, por la recurrente representación de figuras zoomorfas de serpientes, de las que, ya no quieren saber nada y entregan los vestigios primitivos al Instituto de Antropología, mismos que fueron asignados a las galerías y que ahora se exhiben en capelos en diferentes museos.

José J. Alvarado.

Fotografía: Lagunillas desde el Dron.

 

viernes, 30 de septiembre de 2022

Mas cómo duele Mary tu ausencia en mi soledad.

 


Dormido tu imagen miro y me despierto creyéndola encontrar,

en mi soledad extraño el olor a ti, a lirios muy de mañana,

aunque no estés junto a mí nuestras almas no se extrañan,

pues permanecen unidas a pesar de la distancia.

Cuan doloroso ha sido vivir sin tu fragancia, sin sentir ya de tus labios

el leve rose en los míos, sin escuchar los suspiros, mirándote enamorada.

Pronto el tiempo pasará, cumpliré lo prometido.

Te he de construir el nido que a los dos albergará

Y llenaremos de amor ese espacio tan sufrido.

Tendremos por recompensa mil lunas por compartir

Festejando en cada abril el tropezar de miradas.

El adiós de tantas penas El nuevo brío por vivir.

Pero… cuanto tiempo pasará sin que las manos se junten

Cuanto más sin que los ojos Se vuelvan a contemplar.

Por lo pronto he de aceptar tu distancia entre la mía,

Mas cómo duele Mary tu ausencia en mi soledad.

Con mi amor para ti.

 Alfonso Arteaga Rodríguez - Composicion

lunes, 27 de febrero de 2017

2/2 - 7 fotos del Kiosco de RV - LAS MAS ANTIGUAS

Quiosco en 1918; 

Kiosco en 1928;

Kiosque francés en 1930;

 köşk turco en 1938;

 Košk Persa en los 40s;

Mexicanote en un mitin;

Caminante no hay camino, 
se hace camino al andar.

Fotografía: Museo Regional del Rio Verde



viernes, 17 de febrero de 2017

2a. parte de 2 - 10 fotos Solkis de RV

Cerca de la Plaza de San Juan;

Valentina Guerrero;

Limón Robles - 1958; 

Este no parece Solky pero es parecido;

Festejos del centenario de la Independencia;

Pal Face;

El niño del rifle querrá iniciar una Revolución;

De paseo;

De compras;

Las bonitas también subían a los Solkis;

Fotografía: Lic. Elena Rodriguez de la Tejera

jueves, 16 de febrero de 2017

1a. parte de 2 - 10 fotos de Solkis en RV

Paseando a Ana Barbara;

Parece ser el querido "Charrito";


Frente a la fuente;

De paseo;

Solky Valentina;

Maquina 501;

Distribuyendo agua; 

Caballo, agua, barril para su sed;

Posando para el Face;

De camino al supermercado.

Fotografía: Lic. Elena Rodriguez de la Tejera

viernes, 27 de junio de 2014

Presentación


Rioverde en la Historia es un blog pensado en ti ama de casa, estudiante, profesionista o trabajador dentro y fuera de nuestro territorio que quiera conocer más del pasado y  del acontecer de su Patria Chica de una manera certera y amena.

En este espacio presentaremos La Historia de Rioverde, también sus personajes notables tanto actuales como históricos, sus efemérides y sus momentos importantes (Crónica), así como un canal de you tube, donde te transmitiremos entrevistas y lugares Históricos e interesantes de nuestra región.

ATENTAMENTE
Lic. Arturo González Pérez
R2D2