lunes, 10 de octubre de 2022

Inexplicable...Lavado de carros en Rioverde por Juan Cancino Zapata.

 

En la ciudad de Rioverde, en el 2014, había un negocio de lavado de carros, que había tenido buen éxito, generalmen-te yo llevaba ahí a lavar mi camioneta por rapidez, calidad y buen precio.

Cierto día iba a salir fuera de la ciudad y deseaba lle-var el vehículo limpio, salí de mi casa hacia el lavado de ca-rros ubicado en el Boulevard Carlos Jonguitud, antes de llegar a los arcos de bienvenida en la carretera Rioverde-San Luis, al aproximarme al lavadero vi que en el exterior se estaba echando de reversa, para entrar a pagar, un vehículo convertible negro, pensé en ese instante: ¡Este ya me ganó el lugar, tendré que esperar más tiempo!

Entré a pagar atrás de él, el tipo que conducía el Mus-tang negro traía un pantalón de cholo (corto, guango y a media nalga) y usaba una camiseta blanca. Bajó y se paró en la ventanilla para hacer su pago, después de realizarlo, subió nuevamente a su auto y se encaminó al fondo para dar vuelta a la izquierda donde recibían los autos para la-varlos, yo avancé en mi camioneta y sin bajarme, estiré el brazo para pagar justo lo que yo sabía que cobraban, la em-pleada me dio mi ticket y continúe avanzando para entre-gar la camioneta.

Al dar vuelta a la izquierda, vi que un tipo estaba re-gando el piso para limpiar la tierra que metían los autos, éste al verme, jaló la manguera para que no la pisara y dijo que adelantara la camioneta para recibirla.

En ese instante me pregunté por el convertible negro que acababa de pasar, ¿Cómo era que este tipo tenía allí la manguera? Volteé para atrás, hacia donde acababa de en-trar y allí no había nada, ni estacionado enfrente donde uno daba la vuelta.

Me bajé y le entregué las llaves al hombre de la man-guera junto con el ticket, salí caminando por donde había entrado y me dirigí a la oficina donde tenían una sala de es-pera, antes de entrar a la sala observé que las tres salidas es-taban ocupadas, cada una con un auto distinto, a los cuales el personal le estaba dando los últimos toques de limpieza.

 Busqué con la mirada hacia el interior del lavadero para ver el auto convertible que me había ganado en llegar y no se encontraba allí, entonces me pregunté: ¿A dónde se fue? No hay salida por acá, estos autos impiden el paso, tampoco está en el lavadero, ni atrás y no vi que saliera por donde yo entré. ¿Entonces? Entré rápidamente a la sala de espera buscando con la mirada al cholo, en la sala de espera solo estaba la cajera y los tres conductores de los autos que estaban en el proceso de limpieza.

Con mucha curiosidad, salí nuevamente y regresé a mirar por donde entraba uno a dejar los autos ¡El auto ne-gro no estaba, ni el conductor! Regresé a la sala de espera a leer unas revistas para pasar el tiempo hasta la hora de mi entrega, cuando se fueron los tres conductores me die-ron ganas de preguntarle a la cajera por el auto negro, pero pudo más mi prejuicio del ¿Qué dirán? Que descarté esta opción.

Al tercer día, los miembros de un cartel del crimen organizado mataron a un joven parecido al que vi en el la-vadero, lo cual causó una gran conmoción en la ciudadanía Rioverdense. A partir de ese acontecimiento, los dueños del lavadero de autos decidieron vender todo y dejar ese negocio, actualmente en ese lugar funciona un negocio de llantas, alineación y balanceo.

Hasta la fecha no he encontrado explicación de qué fue lo que pasó con el auto negro y su conductor ese día.

Fotografia: Elena Rodriguez de la Tejera.

 

 

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