miércoles, 2 de noviembre de 2022

Luces en la ciudad por Juan Cancino Zapata.

Una noche el Guti, el Moy, el Memo y yo estábamos platicando sentados en los escalones de la entrada de la casa del Moy, en la calle Ramón Adame, frente al 267, donde yo vivía; eran como a las 11 de la noche y nuestra plática versaba sobre el tema de los OVNIS.

Estábamos tan concentrados en este enigmático tema que al Guti se le ocurrió preguntar qué haríamos si viéra-mos un OVNI, el Memo contestó rápidamente: ¡Tomaría-mos fotos como evidencia!, yo comenté enseguida: ¡Ni cá-mara tenemos!, el Guti levantó la cara hacia el oscuro cielo y sorprendido continuó preguntando: ¿Y cómo le tomamos foto a esos que van allí? -dijo señalando hacia arriba de mi casa- supusimos que era una de sus bromas y el Memo que estaba junto a Guti le replicó enseguida frente a su cara: ¡No mámeees!, el Guti se puso de pie y señaló hacia el cielo nuevamente.

Todos volteamos enseguida a donde él señalaba y vi-mos que en el cielo negro iban pasando unas veinte bolas fosforescentes, como a 15 metros de altura por encima de mi casa, rápidamente nos pusimos de pie y las seguimos corriendo por la calle, sin dejar de verlas, para saber de qué se trataba, ya que éstas iban navegando paralelas a la ca-lle de Ramón Adame de norte a sur, obviamente iban más rápido que nosotros y dejamos de seguirlas por la calle de Alonso, el Memo nos sugirió: ¡Vamos al periódico a repor-tarlas, contestamos emocionados por la adrenalina que nos activaba en ese momento: ¡Órale! y nos dirigimos corriendo al local de las oficinas del periódico El Sol de San Luis.

Entramos corriendo y le preguntamos al portero: ¿Hay algún reportero con cámara fotográfica? Éste, sor-prendido, atrás de la reja de seguridad nos preguntó: ¿Para qué lo quieren? A coro le contestamos: ¡Hay unos OVNIS en el cielo!, el portero nos observó cómo escaneándonos, guardó silencio un instante y dijo en forma seria: ¿De cuál fumaron? Le contestamos ansiosos: ¡No, no fumamos nada! ¡Es verdad, hay unas bolas luminosas volando en el cielo! ¡Saque una cámara para tomarle fotos!, él respondió incrédulo: Dejen le hablo al reportero de guardia y se fue a una oficina.

Al regresar ambos sujetos, el reportero nos preguntó: ¿Dónde las vieron? Le dijimos: ¡Andan arriba, ahorita pasa-ron por la alameda! ¿Cuándo las vieron? Preguntó nueva-mente: ¡Ahorita las acabamos de ver! -contestamos simultá-neamente los cuatro-. El reportero exclamó: ¡A ver, vamos a ver! Y le indicó al portero que abriera la reja, éste quitó el candado y ambos salieron con nosotros a la calle a ver el cielo, pero no se veían las bolas fosforescentes, el repor-tero nos dijo: ¡Se me hace que es puro cuento de ustedes!, nosotros contestamos: ¡Es la neta, ahí andan arriba! ¡Saca tu cámara por si aparecen de nuevo!, él respondió: ¡Se la llevó otro reportero y aquí en la oficina no hay ninguna!

Nos quedamos viendo los cuatro como diciendo: ¿Cómo un periodista no tiene cámara? Y simplemente guardamos silencio, de pronto el Memo cuestionó al repor-tero: Si no nos crees, vamos a la azotea para que las veas, el reportero por curiosidad aceptó y dijo: Vénganse, pero hay que tener cuidado al subir.

El portero cerró con candado nuevamente la reja del periódico y posteriormente nos dirigimos los seis hacia la azotea, desde esa altura se veía casi toda la ciudad, yo bus-qué en el horizonte el cúmulo de bolas fosforescentes y lo descubrí volando cerca del Saucito, ¡Allá están! -grité-. Las bolas se dirigían hacia el rumbo de Morales, ¡No qué no! le reprochamos en coro al reportero, él exclamó: ¡Nunca había visto eso!, el Guti dijo: ¡Para eso queremos la cámara! ¡Para sacarle fotos como evidencia, sino nadie nos va a creer!

Estábamos en la parte más alta, entre el Cine Alame-da y el Sol de San Luis y se veían muy bonitas las luces de la ciudad y el vuelo de las esferas luminosas. Vimos que las bolas tomaron rumbo a la Tenería, hoy parque Tangamanga y después hacia la Cañada del Lobo, pero las perdimos de vista atrás de las torres de la Iglesia del Santuario de Guadalupe. El Moy le preguntó al reportero: ¿Tú qué crees que sean? El periodista se rascó la cabeza y dijo:

A lo mejor son globos aerostáticos, solamente que pregunte en la torre de control del aeropuerto–agregó- para verificar. Nosotros sabíamos que eso no tenía nada que ver con globos aerostá-ticos y solo guardamos silencio, de pronto levanté la cabeza para ver de nuevo el cielo y grité: ¡Aquí están! -y señalé rumbo a la plaza de San Sebastián-.

Las esferas fosforescentes avanzaron hacia nosotros y pasaron encima de nuestras cabezas, como a siete metros de altura, sin producir sonido, sin tener alas (de ave, de avión o algo parecido) pero si, un brillo blanco, muy bri-llante y poco común, las dejamos de ver al poco rato porque las taparon los edificios de los hoteles que están al norte de la Iglesia del Carmen.

Después de bajar a las oficinas de esta editorial, el re-portero nos tomó nuestros datos, y nos dijo que la nota la iba a publicar en el periódico dos días después, salimos sa-tisfechos del diario por haber visto nuevamente desde esa altura a los ovnis surcando el cielo, la hermosa panorámica de la ciudad por la noche y con la esperanza de hacernos famosos por el periódico.

Compramos durante quince días el periódico el Sol de San Luis y nunca apareció la prometida nota.

 

 

 

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